Este texto de Vanessa Villegas Solórzano fue publicado originalmente en inglés en la revista Plant Perspectives volumen 3 / edición 2: Global More-than-Human Histories of Palms de The White Horse Press bajo la licencia Creative Commons BY NC ND. La versión en español es de la autora.
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El chontaduro es la llegada a Cali, al Valle del Cauca. Seguro hay mejores lugares para comerlo, pero el que venden en el aeropuerto es el más anhelado por todos cuando llevas meses decepcionándote de los de Bogotá. El taxi camino a Cali desde el aeropuerto siempre se acompaña con un vasito de chontaduros para que el paisaje tenga sabor.
(Nicole Chapaval Ventura – Comunicación personal)
A chontaduro1 con miel y sal. A eso sabe el regreso a casa para las personas que se criaron en el litoral Pacífico colombiano, ese es el sabor de la tierra, del arraigo, del terrotorio. Y es que esta fruta, además de ser un producto nutritivo y completo —de esos que en el siglo XXI se catalogan como «superalimentos»— condensa buena parte de la identidad cultural de una región que es rica y diversa. Las personas que habitan el Chocó biogeográfico encuentran en sus colores brillantes —rojo, anaranjado, amarillo y verde— una brújula, un faro iluminado que les señala con certeza el lugar de origen.
La identidad cultural del litoral Pacífico colombo-ecuatoriano-panameño —en Colombia usualmente se conoce como región Pacífico— también está en su música, en los sonidos de la marimba de chonta. Este instrumento de percusión llegó a las Américas desde el continente africano y en esta región marca el ritmo de la vida. Para buena parte de la población, en su mayoría afrodescendiente, la marimba y su música están presentes en nacimientos, bautizos, cumpleaños, celebraciones, fiestas y, por supuesto, en despedidas y velorios. Para las comunidades afrodescendientes la marimba acompaña la vida de principio a fin. Y la chonta, la madera con la que se fabrica el teclado de este instrumento, proviene de la misma planta que da la fruta que sabe a hogar: la palma de chonta (Bactris gasipaes Kunth).
Así, buena parte de la identidad cultural de una región en la que habitan pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y población mestiza, parte del mismo lugar: la palma de chonta (Bactris gasipaes Kunth). Esta palma suramericana, que ya era culturalmente significatva para las comunidades prehispánicas, adquirió nuevas dimensiones gracias a los aportes de las personas de origen africano que llegaron a esta parte norte de Suramérica —tras ser secuestradas en su tierra de origen y esclavizadas—.
Este texto reflexiona sobre el valor cultural —material e inmaterial— de la palma de chonta para las poblaciones del Chocó biogeográfico en donde resulta fundamental como alimento, pero que para los pueblos afro representa mucho más que eso. Es un símbolo ecosistémico, una conexión con su vida espiritual y una parte esencial de una de las expresiones musicales más representativas de la región. También abre la pregunta de si la interacción de los pueblos afrodescendientes con otras comunidades permitió la expansión y consolidación de la palma de chonta como patrimonio cultural de la región.
El Chocó biogeográfico
Se llama Chocó biogeográfico a la región de mar y montaña ubicada al norte de Suramérica que va desde Panamá, pasa por Colombia y llega hasta Ecuador. La cordillera de los Andes recibe la humedad del océano Pacífico y la condensa convirtiéndola en una de las áreas más lluviosas del mundo2 con cuencas hidrográficas imponentes, ricas en nutrientes y con y ríos tributarios igualmente caudalosos.
Si bien la Amazonía y el Chocó biogeográfico son dos regiones separadas por una cadena montañosa de gran envergadura, ambas comparten ciertas características que las hermanan y las conectan. Tal conectividad está documentada, por ejemplo, en el tránsito de animales y la distribución de especies vegetales, y también porque dicho corredor ha sido usado como salida al Pacífico —entre otras posibiliades— por comunidades humanas desde tiempos prehispánicos.
Orígenes y domesticación de la palma de chonta
Tanto la cuenca amazónica como el Chocó biogeográfico imponen una doble dificultad a la hora hablar con certezas y principios científicos occidentales como el rastreo de vestigios arqueológicos o las fuentes escritas. Por un lado, las condiciones ambientales de ambas regiones hacen muy difícil que los rastros vegetales sobrevivan largos años, pues todo se degrada con facilidad. Por otra parte, las comunidades que allí habitaban y habitan tienen otras maneras distintas a la escritura para registrar sus conocimientos y su historia: la tradición oral, las festividades y las expresiones musicales son reflejo tanto de su cosmogonía como de su relación con el entorno.
El hecho de que este tipo de certezas sean esquivas a los ojos de la academia occidental es distinto a asegurar que no existe evidencia sobre el conocimiento o el uso de una especie. Aprender a leer en los márgenes, a cruzar información con otras disciplinas y a reconocer el profundo conocimiento que tienen del territorio los distintos pueblos que lo habitan resulta fundamental para hacer una lectura si no más completa, por lo menos más justa.
Con esto en mente hay que mirar a la palma de chonta como una de las tantas especies vegetales que parece confirmar la interconectividad entre la cuenca amazónica, los Andes y el Chocó biogeográfico. Cálculos iniciales estiman que la domesticación de la Bactris gasipaes Kunth ocurrió en la Amazonía alrededor del año 2000 antes de la era común (entre 4000 y 3000 BP, según González-Jaramillo et al.). Pero, como se verá más adelante, quizás la domesticación haya ocurrido en una fecha bastante anterior pues los restos arqueológicos más antiguos de esta planta se encuentran en la actual Costa Rica y datan de 2300 a 1700 antes de la era común. (González-Jaramillo et al. 2022).
Se habla de domesticación por varias razones: la primera es por la evidente diferenciación morfológica entre las especies domesticadas y las silvestres. En las domesticadas los frutos son más grandes y los troncos parecen tener menos espinas, por ejemplo. La segunda razón se deduce de la dificultad de la Bactris gasipaes Kunth para reproducirse sin asistencia humana (Clement 1988). La domesticación, afirman investigadores como Clement, coincide con el establecimiento en el Amazonas de las primeras comunidades sedentarias de las que se tiene información hasta el momento.
Entre los datos recogidos por personas que han trabajado con comunidades amazónicas (Sosnowska, J. & Kujawska, M. 2014, Patiño 1992, Clement 1988) resaltan las historias que conforman las cosmogonías de algunos pueblos amazónicos en el sur de Colombia, Ecuador, Brasil y Perú, en donde se menciona que, tras comer un fruto de la palma de chonta es fundamental guardar la semilla para luego sembrarla cerca de casa. Esta sencilla instrucción agrícola insertada dentro de los relatos que construyen y constituyen la historia de los pueblos deja en evidencia la relevancia cultural y nutricional de la palma de chonta. Al mismo tiempo permiten ver el nivel de sofisticación de las relaciones entre comunidades y ecosistemas.
Cualquiera que haya sido la causa de su domesticación, esta debió haber ocurrido muy temprano en la ocupación de las tierras bajas tropicales, pues la diferencia entre pejibayes3 primitivos (por ejemplo, G. microcarpa, peso de la futa 4,4 gramos) y las variedades locales más avanzadas (por ejemplo, Putumayo, peso de la fruta 100,8 gramos) es enorme… Un cambio de esta magnitud requiere mucho tiempo y condiciones de reproducción específicas, pues el pejibaye es alógamo4.
(Clement 1988)
Dicho esto, en la bibliografía científica que aborda la Bactris gasipaes Kunth es habitual encontrar dudas sobre si las comunidades prehispánicas aprovechaban el chontaduro como alimento. Se afirma que era utilizado para producir chicha (una bebida fermentada) pero son pocas las personas en la academia que se atreven a asegurar que existió su consumo directo como fruta. El temor a afirmar dicho uso podría tener dos explicaciones: una, que para poder ser consumido por humanos el chontaduro requiere de una cocción en agua de por lo menos treinta minutos. Dos, la falta de evidencia científica (vestigios arqueológicos y fuentes escritas) que permitan dar cuenta de que un tratamiento de tal sofisticación ocurría en las comunidades amazónicas en tiempos prehispánicos. Las dudas —si no las interpretaciones sesgadas— que se plantean desde la academia occidental sobre los conocimientos de las comunidades prehispánicas tienen su origen en el prejuicio. Les resulta difícil de aceptar que pueblos tan «primitivos» hubieran tenido un conocimiento de tal complejidad.
Por fortuna, investigadores latinoamericanos con un enfoque etnobotánico como Clement y Patiño lo han dicho con claridad. Víctor Manuel Patiño aseguró en 1963: «Bactris gasipaes ha sido un cultivo importante e increíblemente valioso para la nutrición humana desde tiempos prehispánicos»5. Las investigadoras Sosnowska y Kujawska lo recogen de esta manera:
La Bactris gasipaes (palma de chonta), que fue domesticada a nivel poblacional, podría haber sido una de las plantas esenciales en la Amazonía. Esta inferencia se basa en su grado de domesticación (Clement 1988) y su importancia para muchas sociedades, como se refleja en sus mitos, leyendas y festividades.
(Patiño 1992)6
De acuerdo con la cosmogonía de algunas comunidades amazónicas, la palma de chonta está en el mismo nivel de importancia que el maíz y la yuca. Inluso hay quienes aseguran que la imagen del árbol de la vida y la abundancia es una palma de chonta, justamente porque cada una de sus partes tiene un uso o, como lo afirmó Patiño, «no hay parte que se desperdicie» (Patiño 1963).
Y es que en las comunidades prehispánicas de la Amazonia la palma de chonta era fuente de una madera de excelente calidad que se usaban para construcción de viviendas, pero que su valor principal estaba en su dureza ideal para fabricar herramientas de cacería como flechas y arcos. Como comida de lo que se tiene mayor certeza es de que con sus frutos se elaboraba chicha, una bebida fermentada que dependiendo del tiempo de reposo podía tener un grado alcohólico considerable. El fruto también se consumía hervido, asado y, se especula —dada la rápida fermentación del fruto— que se secaba y se convertía en harina con la que luego se preparaba un pan que recuerda al casabe, elaborado de yuca brava7. Del corazón del tronco y de sus brotes se obtenían los palmitos, que también eran un alimento rico y nutritivo. Con las hojas de la palma se techaban las casas y se fabricaban cestas de pesca. En este caso, además, había una ventaja adicional: al sumergirlas en agua las hojas de B. gasipaes despiden una sustancia que adormece a los peces haciéndolos más fáciles de capturar. Las espinas del tronco se usaban como agujas —indispensables para coser ropa y otros proprósitos— , de la raíz se obtenía un remedio para los parásitos intestinales y los troncos de las palmas que morían de viejas o se caían eran la materia orgánica ideal para el crecimiento de los mojojoyes —larvas de diversas especies de escarabajos Phyllophaga— que son consideradas un manjar de la selva y una rica fuente de proteínas (Patiño 1963, Clement 1988).
Una planta perfecta en todos los sentidos de la palabra.
| Parte de la palma | Usos |
| Raíces | Medicina (vermicida) |
| Tronco | Arcos, flechas, cañas de pescar, pisos y divisiones en viviendas |
| Espinas | Agujas |
| Hojas | Cubiertas (techos) y cestería |
| Flores (masculinas) | Ingrediente saborizante |
| Frutas (cocidas) | Consumo directo, fermentadas para hacer chicha (una bebida nutritiva con un ligero grado alcohólico), seca y molida para elaborar harina, cocida para acompañar carnes o pescados, etc. |
| Semilla | Consumo directo como si fuera una nuez |
A su llegada a lo que ahora es Costa Rica los conquistadores españoles se encontraron con cultivos de Bactris gasipaes Kunth en esa parte del contiente. La presencia de una especie tan alejada de su lugar de origen revela al menos dos cosas: la mencionada interconectividad de las regiones y los pueblos que las habitaban, y la importancia cultural de esta especie para las comunidades prehispánicas8.
Una vez los conquistadores comenzaron a adentrarse en territorio americano, en especial al norte de Suramérica, la presencia de la palma de chonta fue notable. Se hallaba en zonas pobladas y en mercados tanto en los valles centrales andinos como en el Chocó biogeográfico. Era una especie culturalmente significativa, vistosa, apreciada. Así lo recoge el cronista Pedro Cieza de León en su Crónica de Perú escrita entre 1541 y 1550 al llegar a tierras «del cacique Nutibara y de su señorío, y de otros caciques sujetos a la ciudad de Antiocha» (actual departamento de Antioquia, Colombia):
De lo superior de las sierras nacen muchos ríos y muy hermosos; sus riberas estaban llenas de frutas de muchas maneras y de unas palmas delgadas muy largas, espinosas; en lo alto dellas crían un racimo de una fruta que llamamos pixivaes, muy grande y de mucho provecho, porque hacen pan y vino con ella, y si cortan la palma sacan de dentro un palmito de buen tamaño, sabroso y dulce.
(Illera (comp.) 2012)
La llegada de la población afrodecendiente
Los conquistadores españoles rápidamente identificaron el potencial de las condiciones ambientales para establecer cultivos de los valles centrales en lo que hoy es Colombia, en especial del valle del río Cauca. El primero fue el de arroz y poco más adelante, el de caña de azúcar. Para ello hubo un gran movimiento de personas esclavizadas traídas a la fuerza desde África que, para el final del periodo colonial ya se habían convertido en mayoría en lo que entonces era la Gobernación de Popayán.
En el censo de 1789 transcrito por Francisco de Silvestre se señala que esta gobernación [la de Popayán] tenía 64,463 habitantes, de los cuales más de 35,000 eran negros distribuídos entre 22,979 libres y 12, 241 esclavos. Se encontraban concentrados en los valles del Cauca y el Patía y en los pablados del litoral Pacífico.
(Patiño Ossa 2012)
A lo anterior se sumó que la difícil accesibilidad del Chocó biogeográfico lo convirtió en un destino posible, incluso deseable, para quienes habían escapado de la esclavitud o logrado su libertad. Así, en las riberas de los ríos, los estuarios y desembocaduras del litoral Pacífico fueron surgiendo caseríos afro que mantuvieron intercambios y convivencia con las comunidades indígenas que vivían allí.
En el Chocó biogeográfico las personas afrodescendientes encontraron un territorio en el que se podía vivir en libertad, allí construyeron pequeños poblados a lo largo de ríos caudalosos y desde allí entendieron la selva. Ese era lugar en el que se podía existir en movimiento, donde era posible «vivir sabroso».
En su libro Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, Colombia la investigadora Natalia Quiceno resalta que recorrer, habitar y transitar el río, o como ella misma lo señala «estar en movimiento», hace parte de la territorialidad y, por tanto, de la identidad de muchas de las comunidades afro en esta parte del continente. Al «estar en movimiento» las redes familiares se ramifican a lo largo de ríos y afluentes que funcionan como carreteras por las que circulan personas, claro, y también bienes esenciales para el cuerpo y el espíritu: plátanos, chontaduros, música (marimbas) y viche (un destilado de caña de los pueblos afrodescendientes del Pacífico colombiano). En esta forma de vida «en movimiento» pero también con libertad y dignidad se basa «vivir sabroso» ese concepto profundo de bienestar vinculado con la territorialidad y la identidad afro del Chocó biogeográfico.
Memoria colectiva e identidad cultural
La población afrodescendiente marcó de muchas maneras la identidad cultural de esta región en particular. Quizás uno de los aportes más evidentes ocurrió en las cocinas que, insiste Germán Patiño Ossa, «fueron territorio de las mujeres negras». En el Chocó biogeográfico, por ejemplo, el plátano (Musa spp.) —una especie introducida a las Américas como un alimento básico para las personas esclavizadas— adquirió un protagonismo que permanece vigente. Pero quizás un punto clave en la determinante presencia del plátano en las poblaciones afrodescendientes en el continente americano —y acá hay un punto que lo hermana con la palma de chonta como se verá más adelante— es que esta planta representaba el vínculo con África, con la tierra de la que estas personas o sus parientes habían sido sacadas a la fuerza. Así, el plátano representaba el famoso «calor de hogar» en la comida, esos recuerdos gustativos y olfativos que permiten regresar temporalmente a casa, a la infancia, a tiempos felices, al territorio originario. Asimismo, la presencia de una planta de plátano en el patio de una casa o en un poblado implicaba arraigo, un «esta ya es mi tierra, ya soy de aquí».
Se baila con palma de chonta
Cuando el negro dice marimba y guasá
su voz tiene el color de las algas y el manglar,
la dulce provocación del chontaduro,
el insinuoso vaivén de las palmeras
el amarillo del oro
y el sentimiento de nostalgia del África
Mary Grueso Romero
La memoria colectiva de las comunidades afrodescendientes en Colombia les permitió establecer vínculos estrechos con el territorio a través de diversas especies vegetales. Muchos de ellos partían del lazo directo de estas especies con África, como en el caso del plátano, el arroz y la caña de azúcar, mientras que en otros lo que ocurrió fue una adaptación a partir de la cercanía de algunas especies americanas con plantas de características parecidas que eran culturalmente significativas en el continente africano.
Para personas con una perspectiva del siglo XXI esta comparación puede parecer forzada hasta el punto de argumentar que no encuentran semejanza alguna ni en la forma de la palma ni en la del fruto, sin embargo, la memoria colectiva —como se verá con la marimba— es una herramienta poderosa. Le permite a los pueblos construir puentes invisibles, vínculos que a veces resultan inimaginables para quienes no pertenecen a esa comunidad.
Tal es el caso de la Bactris gasipaes Kunth cuyos frutos son de colores y características similares a los de la palma africana Elaeis guineensis9. Y como lo mencionan Atinmo, T. & Taiwo Bakre, A. (2003) al igual que la palma de chonta, la africana también es considerada por diversos pueblos en África como un «árbol de la vida» porque cada una de sus partes es utilizable y tiene diversas representaciones en la cultura material e inmaterial. Me gustaría insistir en lo siguiente: es posible que el parecido físico de los frutos de ambas palmas sumado a la importancia cultural de la especie americana para las comunidades locales —que tenía resonacia con lo que ocurría con la palma africana en ese continente—, es lo que haya abierto la puerta para que los pueblos afro del Chocó biogeográfico hayan adoptado como propia a la Bactris gasipaes Kunth, creando así una nueva capa en el vínculo con el territorio y adicionando otra dimensión cultural a la palma de chonta.

La marimba aparece entonces como una de estas nuevas capas de significado y memoria colectiva para quienes habitan el litoral Pacífico. En la vida espiritual de los diferentes pueblos, la música ocupa un lugar especial y las comunidades afrodescendientes del Chocó biogeográfico no son la excepción. En muchos casos lo único que tenían en común estas personas era el haber llegado en condición de esclavitud, pues no hablaban los mismas lenguas ni tenían costumbres similares. La música jugó allí un papel de cohesionador social y fomentó la creación de una nueva identidad cultural colectiva entre gente de muy diversos orígenes. La memoria colectiva de los pueblos afrodescendientes conservó cantos, ritmos, tonadas e instrumentos musicales que se trasladaron de continente y adquirieron nuevas formas y significados en un ejemplo de resistencia, potencia e identidad del Patrimonio Cultural Inmaterial.
Fueron los pueblos afro del litoral Pacífico quienes haciendo uso de su memoria colectiva recordaron el instrumento que sonaba del otro lado del Atlántico y comenzaron a construir marimbas con la madera de la Bactris gasipaes. El manejo de la madera de chonta —que requiere ser cortada en luna menguante y secada durante meses para que adquiera la dureza que la hace tan especial— posiblemente es consecuencia del intercambio de conocimientos con las comunidades indígenas que dominaban a la perfección estas técnicas, esenciales para un territorio en donde la humedad ambiental suele estar por encima del ochenta por ciento. Pero acá quiero ser enfática: entre los múltiples usos que las comunidades prehispánicas le daban a la madera de chonta hasta ahora no se ha conocido la elaboración de instrumentos musicales. Los pueblos indígenas que habitan el Chocó biogeográfico tampoco construyen ni tocan marimbas. Este parece ser un giro de uso de una especie nativa americana hecho por la población afrodescendiente.
Así, la recreación de la marimba africana con una madera nativa de este lado del Atlántico dio origen a la marimba de chonta, ese instrumento que le da el sonido característico a al Chocó biogeográfico. O como lo canta la gente de la región en homenaje al hombre que fue un gran intérprete de marimba:
Señor Justino García, un hombre muy popular;
Canción «Homenaje a Justino García». Letra y música Inés Granja (1981).
con su marimba en la mano puso a temblar el litoral;
cómo sonaba, cómo se oía, cómo retumbaba esa marimba.
El sonar de la marimba de chonta viaja por los ríos, muchas veces en las barcas para llamar a los peces, muchas veces como parte de las festividades ligadas a despedidas y entierros que, como ocurre con las culturas anfibias, acontecen también en el agua. Su valor espiritual es profundo, está ligado a la vida y a la muerte. En el litoral dicen que la marimba se afina con la selva y que allí reside buena parte de su poder espiritual.
Se cocina y se come con palma de chonta
En Cali dicen que los mejores puestos de chontaduro se encuentran alrededor de los hospitales y centros de salud. Parientes y amistades suelen realizar una parada obligatoria en estas ventas callejeras antes de entrar a visitar a las personas enfermas y junto a ellas comerlo, como marcan la tradición y el gusto, con miel y sal. Por un lado, si el viaje ha sido largo, los chontaduros les darán la energía necesaria para reponer fuerzas; por otro, llevarle una bolsita de estas frutas a quienes están recuperándose en el hospital es, además de un alimento rico y nutritivo, una contribución a la pronta mejoría de las dolencias gracias a sus múltiples aportes vitamínicos y antioxidantes.
El reconocimiento de las enormes propiedades nutricionales del fruto de la palma de chonta viene desde tiempos prehispánicos —recuerden la enseñanza de guardar la semilla para plantarla cerca a la casa— y a las comunidades afrodescendientes les permitió tener soberanía alimentaria mientras se establecían en estas tierras. A lo largo del litoral Pacífico, plátano y chontaduro se encontraron para dar arraigo e identidad a las cocinas tradicionales. Sin embargo, diferencia del plátano que permeó los recetarios locales y nacionales de maneras muy diversas e incluso trascendió brechas raciales y de clase, el chontaduro se quedó como un alimento de nicho, con un estrecho vínculo regional, pero sobre todo con las comunidades racializadas. El hecho de que los plátanos hayan llegado a las Américas a través de colonizadores españoles —si bien no se trataba de comida para ellos sino destinada a las personas esclavizadas— puede haber modificado la apreciación cultural de esta planta que dejó de estar asociada exclusivamente con la población racializada. En contraste, en Colombia el chontaduro suele ser calificado despectivamente como «alimento de negros e indios» o incluso, «de gente pobre».
Quizás en ese vínculo con personas empobrecidas y racializadas esté la explicación de su desprestigio. Hay un contraste evidente entre la abundacia de crónicas que dan cuenta de la presencia e importancia de esta fruta como alimento en mercados y ciudades desde el siglo XVI —no solo en el Chocó biogeográfico sino en buena parte de los Andes y el Caribe colombiano— y el rastro que se puede encontrar de chontaduro en recetarios, por lo menos hasta comienzo de los 2000 (salvo como parte de la utilería de las fotos de cocina regional).
Los movimientos de reconocimiento de las tradiciones culinarias como Patrimonio Cultural Inmaterial —que en Colombia datan de 2006— comenzaron a cambiar esa lógica10. En 2024 la harina de chontaduro fue «descubierta» como un alimento libre de gluten, en tanto el valor nutricional de un chontaduro se compara con el de un huevo. Cada vez es más frecuente encontrar chips de chontaduro en las tiendas, y los restaurantes de cocina colombiana incluyen recetas con esta fruta como ingrediente o como protagonista en sus preparaciones. La reivindicación del chontaduro ha sido posible, también, gracias al enorme valor cultural y simbólico que tiene esta fruta, que ha sobrevivido al racismo estructural que sigue presente en la región.
El chontaduro del Pacífico es otro sobreviviente del litoral, una variedad afectada por fumigaciones aéreas [de glifosato] y plagas. Se sigue cultivando gracias a la persistencia del campesinado que se niega a perder el vínculo que la palma de chonta le permite establecer con la cultura, la música, además de garantizar su seguridad alimentaria y una economía sostenible.
Andrés Ramírez Urbano — Comunicación personal
Conclusiones: ¿La identidad cabe en una planta?
La palma chonta es una especie fundamental para los pueblos que habitaron y siguen habitando el norte de Suramérica: ha sido alimento, hogar, celebración, identidad y vínculo con su territorio. Representa resistencia y resiliencia, transformación y conexión. Sin embargo, como se mostró a lo largo de este texto, para abordar la historia, la domesticación y el valor cultural de esta planta la academia occidental ha desestimado el conocimiento de los diversos pueblos de la Amazonía y del Chocó biogeográfico. En contraste, ha favorecido las evidencias arqueológicas, arqueobotánicas y las fuentes escritas que, como se mencionó antes, en esta región son escasas simplemente porque las comunidades tienen otras maneras de registrar su historia y cosmogonías.
En la tradición oral, las expresiones musicales, botánicas, arquitectónicas y culinarias, así como en otras manifestaciones de patrimonio cultural residen profundos conocimientos científicos y ecosistémicos. Tal aproximación ofrece una mirada más amplia y comprensiva sobre la Bactris gasipaes, los territorios donde crece y los pueblos con los que está vinculada, aquellos con quienes se ha consolidado su valor simbólico y cultural. Sin embargo, para hacerlo resulta necesario desacerse de sesgos coloniales y racistas.
Las comunidades indígenas del norte de Suramérica fueron fundamentales para la domesticación de esta planta, así como para la preservación del conocimiento y el simbolismo que rodea a la palma de chonta, una especie que desde tiempos prehispánicos ya era importante tanto en la vida cotidiana como en su dimensión espiritual. Los pueblos afrodescendientes del Chocó biogeográfico reconocieron en la palma de chonta un vínculo con su lugar de origen que les permitió echar raíces en este, su nuevo territorio. Así fortalecieron lazos de ancestralidad y arraigo esenciales para su identidad cultural y crearon nuevas capas de conocimiento, igualmente poderosas y culturalmente significativas, como el uso de la madera de chonta para la construcción de marimbas. Se come y se baila con Bactris gasipaes porque en sí misma es resistencia, ha desafiado al racismo estructural, a la estigmatización y a la persecución gracias a poblaciones que han salvaguardado estos conocimientos. Mujeres y hombres que en sus cantos compilan recetas y memorizan procedimientos para trabajar la madera de chonta, celebran al chontaduro y el resonar de la marimba.
El día que yo nací
Nació la risa y la pena
Y la danza y la canción
Y el amor con el poema
La canchimalá, la piangua
Langostino y camarón
El borojó, el chontaduro
Nacieron naidí y el mil pesos
(Zully Murillo)
Bactris gasipaes es una parte fundamental de «vivir sabroso» esa compleja noción de bienestar propia de los pueblos afrodecendientes del Pacífico colombiano, que, de nuevo, consiste en vivir en libertad con soberanía y dignidad. La importancia de esta palma para la soberanía alimentaria, la vida espiritual y el goce de los pueblos racializados del Chocó biogeográfico la ponen en el centro de una reflexión de cómo los prejuicios raciales afectan a los alimentos, pero también a la ciencia y a la academia que por décadas han dudado en otorgarle a una especie vegetal de tal importancia el lugar que le corresponde.
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Referencias
Atinmo, Tola & Bakre, Aishat. (2003). Palm fruit in traditional African food culture. Asia Pacific journal of clinical nutrition. 12. 350-4.
Clement CR. (1988). Domestication of the pejibaye palm (Bactris gasipaes): past and present. Adv Econ Bot.6: 155–174.
González-Jaramillo N, et al. (2022). Peach Palm (Bactris gasipaes Kunth.): Ancestral Tropical Staple with Future Potential. Plants (Basel). Nov 16;11(22):3134. doi: 10.3390/plants11223134.
Illera, CH. (2012). Nuestras cocinas desde el Nuevo Reino de Granada (siglo XVI) hasta la República (siglo XIX) a la luz de algunos cronistas y viajeros. Biblioteca de cocinas tradicionales de Colombia. Ministerio de Cultura. Pág 19.
Dirección de Patrimonio Ministerio de Cultura de Colombia. (2011). Convención y política de salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Ministerio de Cultura de Colombia.
Sosnowska, J & Kujawska, M (2014) All Useful Plants Have Not Only Identities, But Stories: The Mythical Origins Of The Peach Palm (Bactris gasipaes Kunth) According To The Peruvian Asháninka DOI: 10.3176/tr.2014.2.05
Patiño VM (1963). Plantas Cultivadas y Animales Domésticos en América Equinoccial. I. Frutales. Cali, Colombia: Imprensa Departamental. Pág 140
Patiño VM. (1992) An ethnobotanical sketch of the palm Bactris (Guilielma) gasipaes. Principes 36, 3, 143–147.
Patiño Victor M. (1989) Comportamiento de plantas nativas colombianas bajo cultivo: situación actual del cultivo del chontaduro. Revista de la Academia Colombiana de Ciencias 17, 65, 259–264.
Patiño Ossa, G (2012). Fogón de negros. Cocina y cultura de una región latinoamericana. Biblioteca de cocinas tradicionales de Colombia. Ministerio de Cultura. Pág 40.
Quiceno Toro, N. (2016). Vivir Sabroso: luchas y movimientos afroatrateños, en Bojayá, Chocó, Colombia . Bogotá, Colombia: Universidad del Rosario.
- En este texto usaré la palabra chontaduro para referirme a los frutos de la palma de chonta (Bactris gasipaes Kunth). Otros nombres comunes para esta fruta son: pejibaye, pupuña (pupunha), pipire, pijuayo, pixbae, pixivae, cachipay, pifá, pibá, chima, tembe, chonta, kiri. ↩︎
- La precipitación anual se ha calculado en 13,300 milímetros cúbicos al año. ↩︎
- Pejibaye es otro nombre para la palma de chonta y su fruto. Cuando una especie es relevante para las comunidades humanas, aumenta la posibilidad de nombrarla de diversas maneras. El argumento lingüístico citado por Clement cobra relevancia aquí: cuando una planta tiene importancia cultural, existen palabras para nombrar cada una de sus partes en detalle. ↩︎
- Whatever the reasons for its domestication, this must have happened early in the occupation of the tropical lowlands, because the difference between the primitive pejibayes (e.g., G. microcarpa, fruit size 4.4 g) and the most advanced landraces (e.g., Putumayo, 100.8 g) is enormous. A change of this magnitude takes considerable time and requires specific breeding conditions, since pejibaye is allogamous. (Clement 1988). ↩︎
- B. gasipaes has been a popular and incredibly important crop in human nutrition since pre-Columbian times (Patiño 1963). ↩︎
- Bactris gasipaes (peach palm), which is domesticated at population level, may have been one of the staple plants in the Amazon. This inference is based on its degree of domestication (Clement 1988) and its importance to many societies, as seen in their myths, legends and festivities (Patiño 1992). ↩︎
- La yuca brava o yuca amarga es como se conoce a algunas de las variedades tóxicas del género Manihot. El grado de conocimiento de las comunidades amazónicas prehispánicas de su territorio y los alimentos que allí se producen hizo que los pueblos de esta parte del mundo desarrollaran un sofisticado método de cocción de la yuca brava que les permitía transformar una especie venenosa en un alimento nutritivo y culturalmente valioso. ↩︎
- La datación de 2300–1700 BCE. para los restos arqueológicos más antiguos de Bactris gasipaes —citada en el texto por González-Jaramillo et al— genera dudas tanto sobre la fecha de domesticación estimada por González-Jaramillo en el mismo artículo, como sobre la datación de los restos encontrados en Costa Rica, ya que son demasiado cercanos entre sí. ↩︎
- «A palm fruit, the «tree of life»: it has an outer edible layer, the mesocarp; then a layer of shell, inedible, and the kernel inside, edible. The solution to this puzzle summarises the botanical and cultural characteristics of the palm fruit». Atinmo, T & Taiwo Bakre, A. 2003 ↩︎
- «Se suele señalar que, junto a la creciente globalización económica y la expansión de modelos de vida de la sociedad industrializada moderna, se vienen dando procesos de homogeneización cultural que muchas veces se han traducido en no deseadas pérdidas lingüísticas y de acervos culturales, tales como las tradiciones musicales, artesanales y culinarias, la medicina popular y los conocimientos tradicionales sobre la biodiversidad». Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura de Colombia. 2011. ↩︎
Filósofa con MA en Gestión cultural. Editora de tiempo completo. Trabajo e investigo alrededor de recetarios y libros de cocina. Escribo y hago el pódcast «Carreta de recetas» un programa sobre cocina, género, política y cultura.
