Este reportaje fue publicado originalmente en Lok Sujag y se reproduce con permiso de ese medio.
El proyecto soñaba con transformar las dunas de Cholistán en tierras de cultivo mediante la subcontratación de vastas extensiones del desierto a empresas privadas que se suponía iban a encabezar una revolución agrícola corporativa en Pakistán.
Sin embargo, las empresas involucradas en el proyecto se han desilusionado y ahora están con un pie fuera de él.
Junto con mis colegas del portal Lok Sujag, realizamos doce visitas – entre abril y noviembre de 2025— a cinco emplazamientos de Green Pakistan Initiatives en todo el Punjab, donde entrevisté a decenas de personas, entre ellas a responsables y trabajadores de diversas explotaciones agrícolas de ocho empresas diferentes. La mayoría se mostraron escépticos y muchos expresaron abiertamente su decepción, incluso pronosticaron el fracaso del proyecto.
De hecho, hay informes que indican que Unity Food Group, uno de los mayores inversionistas con una granja de poco más de 20 000 hectáreas, se está retirando del proyecto. En 2024 comenzaron con un gran alarido, pero un año después parecían retirarse como un susurro.
Al inicio del proyecto, la empresa publicó un video en su canal de YouTube en el que documentaba el viaje de la maquinaria agrícola importada desde China hasta sus instalaciones en Cholistán. En la actualidad los habitantes de la zona dicen que la maquinaria está acumulando polvo o se ha vendido. Realicé varias solicitudes formales a los representantes de la empresa para aclarar este punto, pero hasta la publicación original de este reportaje en enero de 2026 seguían sin respuesta.
Por su parte los representantes de Fatima Fertilizer, otra de las empresas que superan las 20 000 hectáreas de tierras, respondieron que todavía no han arrancado el proyecto.
La empresa de montaje electrónico Airlink Communications había creado una empresa agrícola llamada Next Agro, mientras que Beaconhouse School Systems creó Kasalan Foods con el mismo objetivo, ambas reportan una reducción en su actividad. SinoPak Guangdong, el único inversor chino, también ha despedido a un gran número de empleados.

En Pakistán existen más de diez millones de agricultores que cultivan 21.37 millones de hectáreas de tierras agrícolas. En su mayoría se trata de productores a pequeña escala (2 hectáreas de media) que trabajan con métodos agrícolas tradicionales, algo que para los especialistas coloca al sector agrícola pakistaní en el lado equivocado del paradigma de las economías de escala. En su opinión, el país no es capaz de satisfacer la demanda interna ni de competir en los mercados de exportación, dominados por países con explotaciones agrícolas corporativas de gran tamaño y alta tecnología.
La Iniciativa Verde de Pakistán pretendía revertir esto. Según el sitio web del proyecto, se trata de una iniciativa conjunta del Gobierno de Pakistán y el Ejército pakistaní que está siendo llevada a cabo por una empresa denominada Green Corporate Initiative (GCI) Private Limited. Las búsquedas en Internet muestran que todos los directores de la empresa —excepto uno— son oficiales militares de alto rango retirados, mientras que algunas fuentes indican que el 90 por ciento de las acciones de la empresa están en manos del ejército pakistaní.
El sitio web afirma que GCI identifica y adquiere terrenos baldíos cultivables de las provincias mediante contratos de arrendamiento de treinta años en virtud de acuerdos de empresa conjunta y asigna parcelas de tierra a los inversores interesados para que se dediquen a la agricultura corporativa. El tamaño mínimo de las parcelas que ofrece GCI es de 405 hectáreas (mil acres).
Muchos inversores se sintieron atraídos por el proyecto debido a la participación directa del Ejército. «Confiábamos en el Ejército; de lo contrario, quizá no habríamos invertido», afirmó el CEO de una de las empreas que participan de este proyecto, y quien pidió el anonimato. El nivel de confianza era tan alto que los inversores se basaron en promesas verbales de abundancia de agua e infraestructura de calidad. «Sin embargo, la documentación [los contratos] no contenía tales garantías», señaló el CEO.
En la actualidad, las compañías están batallando para extraer y procesar aguas subterráneas saladas con una infraestructura insuficiente, cuando no inexistente, para la agricultura moderna.
Kasalan Foods tenía previsto cultivar trigo en una granja de 2 400 hectáreas. Su ambición se esfumó en el primer intento. «El agua es el verdadero problema», afirmó Abdul Manan, director de la empresa agrícola de la compañía. El rendimiento de su cosecha de trigo el año pasado fue de apenas siete maunds (maund=37.3 kg) por acre (0.4 hectáreas), menos de una cuarta parte del promedio nacional de 29.65 maunds por acre de ese año. El rendimiento del trigo en Australia, el mayor exportador de trigo en 2025, fue de 72.75 maunds por acre.
«Sin una fuente sostenible de agua este proyecto va a fracasar», asegura Abdul Mannan quien no se anda con rodeos y afirma que la mayoría de las empresas involucradas se han mantenido a flote solo porque decidieron sembrar zacate Rhodes (Chloris gayana) y alfalfa, dos hierbas que se utilizan como forraje para el ganado.

Rizq, una empresa social fundada por jóvenes «agentes del cambio» con el objetivo de acabar con el hambre y la inseguridad alimentaria, se sumó a este experimento de agricultura corporativa. Su responsabilidad es la gestión de los recursos humanos de las granjas propiedad de Pantera Energy Private Limited, que también cultiva zacate Rhodes para exportarlo a granjas ganaderas de los Emiratos Árabes Unidos.
Qasim Javed, director ejecutivo de Rizq, califica la experiencia como «agridulce». En su idea, la agricultura corporativa modernizaría las anticuadas prácticas agrícolas de Pakistán: «Pero la realidad sobre el terreno [en el proyecto de Cholistán] es dura: no hay carreteras, ni electricidad, ni internet, y el agua es tan salina que la única opción viable es cultivar pasto de Rodas».
Es irónico que en un país donde el 44.7 por ciento de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y enfrenta una grave inseguridad alimentaria, un proyecto destinado a revolucionar la agricultura parezca servir únicamente para los mercados de forraje de Oriente Medio.
Forraje para pensar
Al conducir por el desierto de Cholistán, en pleno verano, las franjas verdes de los campos de pasto son como una milagrosa ilusión hasta que uno se entera que son las granjas corporativas que bombean agua salobre desde las profundidades, lo que las mantiene verdes.
Abdul Hafeez administra 1.6 mil hectáreas (4000 acres) de DayZee Farms, regadas con agua subterránea con un nivel de Sólidos Disueltos Totales (TDS) de entre 1800 y 2000 partículas por millón (ppm). «Técnicamente, el trigo, la avena, la cebada y algunos pastos se pueden cultivar con esta agua», explicó, «pero otros factores hacen que la mayoría de los cultivos de grano no sean financieramente viables. Así que nos limitamos al pasto de Rodas, a pesar de que consume más agua».
El recuento de Sólidos Disueltos Totales (TDS) se refiere a la concentración de sales y minerales en el agua. El agua con un TDS inferior a 1500 ppm es ideal para el riego, mientras que por encima de 3000 ppm es perjudicial para la mayoría de los cultivos. Hafeez calcula que solo el 20 por ciento del agua subterránea de Cholistán tiene un nivel de TDS inferior a 2000 ppm.
Cuando Kasalan Foods analizó su agua subterránea, esta registró entre 3500 y 5000 ppm. A pesar de ello, continuaron con la siembra de trigo en poco más de 400 hectáreas. y, en cuestión de meses, los niveles de TDS se dispararon entre 10,000 y 25,000 ppm. El cultivo fracasó. «El acuífero no se ha recargado en meses porque escasean las lluvias. Esto es un problema existencial», afirmó Abdul Mannan, de manera categórica.
La Organización de Obras de la Frontera (FWO), organización de ingeniería militar de Pakistán, bombea agua a 10 km de distancia de sus tierras porque el agua que hay bajo sus propios terrenos es demasiado salina. En la granja adyacente de SinoPak Guangdong, una infraestructura de última generación se encuentra inactiva por la misma razón, de hecho, tuvieron que perforar pozos entubados a casi 14 km de distancia para acceder a agua potable. Sin embargo, llevarla hasta el punto donde se necesita aún es un desafío, pues los canales revestidos con geomembrana fallan ante el calor extremo del desierto y los revestidos de hormigón se obstruyen por la arena de las frecuentes tormentas.
Las tormentas de arena son otra amenaza constante. Un director ejecutivo cuya empresa arrendó 2400 hectáreas, relató que perdió 157 hectáreas de algodón por una tormenta justo cuando estaba por terminar la siembra y luego, tras volver a sembrar, otras cien hectáreas fueron arrasadas por el viento. Las pérdidas ascendieron a millones. Incluso, Terra Crop Innovation, respaldada por el Fondo de Cultivo Agrícola de Alfalah Bank, también reportó haber perdido 65 hectáreas de algodón por tormentas en 2025.

Idealmente, las grandes extensiones agrícolas se riegan mediante un sistema de pivote central que rocía agua sobre los cultivos, pero en el caso del algodón este sistema se ajusta para que las lluvias desde arriba no arranquen las flores ni dificulten la polinización. Por ello, las empresas que planeaban cultivar algodón optaron por el tradicional riego por inundación, sin embargo, inundar una tierra arenosa y porosa consume cantidades masivas de agua. Abdul Wajid, director de Terra Farms, señaló: «Hicimos pruebas con cultivos que consumen mucha menos agua, como el frijol mungo, el guar, la soja y las lentejas, pero todos fracasaron por completo debido al calor excesivo y a las tormentas».
El Dr. Rana Fartab Shaukat, especialista en agricultura de desierto, afirma que los cultivos tradicionales no funcionarán en la zona. «Me presionaron para cultivar sésamo [en una granja de Cholistán] por su potencial de exportación», recordó, «lo planté a regañadientes y luego las tormentas de arena lo arrasaron en pocos días».
Fartab Shaukat aboga por una fase progresiva de cultivo: empezar con pastos resistentes, luego plantar árboles que sirvan como barreras contra el viento y después de siete u ocho años pasar a los cultivos convencionales. Aun así, insiste en que es imposible lograrlo sin una fuente estable de agua. «Por ahora, el único cultivo que tolera el agua salina y ofrece rentabilidad es el pasto de Rodas».
Los expertos advierten que depender del agua salina para la agricultura a gran escala degradará el suelo con el tiempo, pues en un clima cálido y seco el agua se evapora rápidamente pero las sales permanecen y, con la escasa lluvia, estas no se filtran por debajo de la zona de las raíces.
Estos patrones están ampliamente documentados en revisiones técnicas de organismos como la FAO y el Laboratorio de Salinidad de Estados Unidos sobre el riego salino. El hidrólogo Najam ul Hassan, quien ha perforando pozos en Cholistán desde hace 40 años, afirma que la recarga es esencial para eliminar las sales de la capa superior del suelo y ve viable revivir los tradicionales tobas (estanques) así como construir pozos de recarga, pero reitera que «una agricultura adecuada no es viable aquí sin agua de canal».
Enfrentando una larga historia
En 1947 la creación de la frontera entre India y Pakistán dividió el desierto de Thar, conocido como el Gran Desierto Indio. Su parte pakistaní, situada en la provincia de Sindh, conserva el nombre de Thar, mientras que la parte del sur de Punjab se llama Cholistán o Rohi en la lengua local.
En tiempos prehistóricos, el paisaje era muy distinto. Un caudaloso río Hakra pasaba por esa zona que entonces no era un desierto; por su parte, el río Sutlej desembocaba en el Hakra, que corría paralelo al río Indo y tenía su propia desembocadura en el mar Arábigo. Pero hace unos diez mil años, cambios geológicos y climáticos desviaron el Sutlej hacia su curso actual para convertirlo en parte del sistema del río Indo, y también provocaron que el Hakra se secara y desapareciera por completo cerca del apogeo de la civilización de Harappa, hace unos cuatro mil años.

La Iniciativa Pakistán Verde se enfrenta a una larga historia. Su intención ahora es reverdecer Cholistán extrayendo agua del Sutlej a través de un canal de 176 kilómetros de longitud. Este río fue asignado a la India para su «uso sin restricciones» en virtud del Tratado de las Aguas del Indo, firmado entre la India y Pakistán en 1960, tras la independencia y partición del subcontinente indio en 1947. Por ello, cuando India impidió que el agua del Sutlej cruzara la frontera durante la década siguiente, Pakistán construyó canales que desvían el agua de sus ríos occidentales hacia las zonas de influencia del Sutlej.
De esta manera, el Sutlej en Pakistán ya trabaja con agua prestada o desviada, sin embargo, como era de esperarse, la distribución de las aguas de los ríos no solo es objeto de intensas disputas entre la India y Pakistán, sino también dentro del propio Pakistán. Punjab, una provincia situada aguas arriba que cuenta con más de la mitad de las tierras cultivadas del país, es acusada por la provincia de Sindh (aguas abajo) de extraer más agua de la que le corresponde. Por esto, Sindh se opuso a la sugerencia (o plan) de suministrar agua a las granjas corporativas de Cholistán desde el Sutlej.
Actualmente, Punjab y Sindh están gobernadas por dos partidos políticos diferentes: la Liga Musulmana de Pakistán (Nawaz) y el Partido del Pueblo Pakistaní, que han formado un gobierno de coalición en el centro. Ambos socios saben que alterar el status quo del agua representa un gran riesgo de conflicto para la región
Independientemente de la política, los expertos creen que el canal propuesto no podría suministrar la cantidad de agua requerida, pues se estimó que transportaría 113 mil litros por segundo para regar tres mil kilómetros de granjas corporativas. «Incluso con un riego por pivote eficiente, se necesitan 849,504 litros por segundo por cada 404 hectáreas en este clima», señaló un agrónomo que pidió anonimato. Esto significa que, incluso en el mejor de los escenarios, el canal propuesto solo podría regar 53,823 hectáreas, o una sexta parte de la superficie total planificada para las granjas. «Las matemáticas no respaldan el plan», ironizó el experto.
Es posible que las autoridades también supieran al respecto. Un director ejecutivo, en condición de anonimato, reveló que en sus primeras reuniones de trabajo no se abordó el tema del agua del canal. «Nos dijeron que recibiríamos agua limpia de los embalses situados bajo el lecho del río Sutlej» y añadió «eso es en lo que hemos invertido».
De hecho, la Iniciativa Pakistán encargó un estudio sobre formas alternativas de riego, en él, expertos de Pakistán, Estados Unidos y China señalaron que la Filtración en Ribera de Río (RBF, por sus siglas en inglés) era una solución. Según un experto que formó parte del equipo, los embalses del lecho de los ríos Sutlej e Indo ofrecen agua de buena calidad y libre de limo en cantidades suficientes para sostener una agricultura sostenible en el desierto, sin desatar nuevos conflictos por el agua.
Tras una extensa investigación y el uso de tecnologías modernas, el equipo consultor propuso el sistema de pozos colectores horizontales para aprovechar los embalses del lecho del río. Este sistema utiliza pozos colocados a lo largo de la orilla del río para recolectar agua limpia y trasladarla a una estación de bombeo situada lejos de la orilla. Luego, la bomba, eleva y presuriza el agua, para enviarla a través de tuberías a las granjas en el desierto.

«Nos dijeron que el agua se entregaría directamente a nuestras granjas a través de tuberías, con salidas cada 250 acres (cien hectáreas)», añadió el director ejecutivo. «Pero la promesa se desvaneció. No hay actualizaciones. No hay implementación. Solo silencio». Nuestras consultas a la Iniciativa Pakistán Verde sobre la filtración en el lecho del río y otros aspectos de esta historia tampoco han sido atendidas.
Sin embargo, los expertos advierten que los acuíferos ribereños del Sutlej y el Indo son las últimas fuentes de agua dulce que quedan en el país y por ello deben utilizarse con la máxima precaución, no para producir cultivos forrajeros que requieren un gran consumo de agua destinados a las granjas de camellos y ganado en el Medio Oriente.
Multiples tonos de verde
La Iniciativa Pakistán Verde no se limita a las llamadas tierras baldías de Cholistán: «para impulsar la reactivación agrícola mediante la agricultura de precisión, la mecanización y la inversión corporativa», la iniciativa también buscó tierras que se regaran mediante medios ya existentes: canales, pozos entubados y estanques.
El 8 de febrero de 2023, la Dirección de Tierras del Ejército de Pakistán presentó una solicitud formal ante la Junta de Ingresos de Punjab en la que propuso transferir 40,469 hectáreasde tierras de regadío en Punjab a la Iniciativa Corporativa Verde.
Todo el proceso de identificación de las tierras estatales, la obtención de los permisos de los departamentos pertinentes y la aprobación del proyecto por parte del gabinete interino se completó en los siguientes 29 días. (Como la legislatura provincial fue disuelta por su ministro principal el 12 de enero de 2023, la provincia era gobernada por un ministro principal interino designado por la Comisión Electoral de Pakistán).

Los documentos oficiales revisados por Lok Sujag muestran que los equipos del proyecto identificaron 39,081 hectáreas de terreno repartidos en 14 distritos para su posible entrega a la Iniciativa Corporativa Verde. El gobierno interino de Punjab y el Ejército de Pakistán firmaron el acuerdo de empresa conjunta el ocho de marzo de 2023 y el proceso de transferencia de terrenos comenzó inmediatamente después.
Estas tierras, propiedad del gobierno de Punjab, estaban bajo el control de varios de sus departamentos, entre ellos los de agricultura, ganadería, riego y bosques; no eran estériles, ni estaban sin reclamar ni utilizar. De hecho, 10,927 hectáreas de ellas han sido cultivadas por agricultores arrendatarios desde hace décadas, bajo diversos términos y condiciones establecidos en sus contratos con los departamentos propietarios.
Este hecho metió a la Iniciativa Pakistán Verde en otro problema. A medida que el gobierno de Punjab entregaba rápidamente los terrenos identificados a GCI, el nuevo propietario pidió a los agricultores arrendatarios que desalojaran las tierras para que se entregaran a los inversionistas.
Rakh Ghulaman, en el distrito de Bhakkar, es una de las fincas más grandes del sector público, con una superficie total de 4,142 hectáreas, de las cuales 1,182 hectáreas habían sido arrendadas a agricultores.
Alrededor de doscientas familias viven aquí en siete aldeas dispersas a lo largo de una extensa franja de tierras de cultivo. Sus antepasados fueron refugiados de la sangrienta partición de 1947, a ellos se les asentó en estas tierras estatales y se les otorgaron contratos para cultivar parcelas de 5 mil hectáreas con el fin de ayudarlos a ganarse la vida y compartir una parte de su producción con el estado.
En aquel entonces era una extensión salvaje cubierta de matorrales espinosos e infestada de depredadores peligrosos. Los arrendatarios se abrieron paso a través de la selva sin más recurso que sus propias manos y trabajaron incansablemente para convertirla en un espacio verde.
«Éramos tan pobres, que mi papá solo tenía un buey [para una yunta], así que ponía al único buey de un lado del arado y él mismo se colocaba del otro» recuerda Haji Matiullah, uno de los colonos más antiguos, quien actualmente tiene 70 años de edad. La tierra no ofrecía ningún sustento. Al contrario, era hostil. «Uno de mis tíos fue asesinado por un lobo», agrega Matiullah bajando la voz. «Así era este lugar».
Siete décadas después se le pide a la cuarta generación de estos agricultores que se vayan —sin más— para que la tierra pueda entregarse a inversionistas adinerados.
La historia se repitió a doscientos kilómetros al sur de Rakh Ghulaman, en la granja de semillas de Ehsanpur, en el distrito de Kot Addu. El golpe fue duro para las trecientas cincuenta familias de arrendatarios que habían estado cultivando 809 hectáreas de tierras del Estado en ese lugar desde la época colonial británica. «Todos los arrendatarios deben reunirse en la oficina de la granja de semillas», resonó por el altavoz de la mezquita local. El funcionario les dijo a los desconcertados asistentes: «Deben cosechar sus cultivos y desalojar sus hogares antes del 30 de abril [en poco más de un mes]».

Pronto esto se convirtió en un patrón. Shamoon Bhatti es un agricultor arrendatario en una granja ganadera de propiedad del gobierno en Chak Katora, en el distrito de Bahawalpur. «Un domingo por la tarde fui al pueblo a visitar las tumbas de mis padres» narró Bhatti, «me enteré a través de un empleado del Departamento de Ganadería que un equipo de inspección había visitado esta zona y la había marcado para entregarla al Ejército».
«Me quedé impactado, ya que nadie en nuestra comunidad sabía nada al respecto. Este es nuestro medio de vida, nuestro hogar desde hace más de 70 años, ¿adónde esperan que nos vayamos?» preguntó Bhatti.
«No tenemos más remedio que resistir»
La misma noticia llegó a las puertas de los agricultores contratados por la granja de semillas de Muhammad Nagar, cerca de Arifwala, en el distrito de Pakpattan. El Departamento de Agricultura emitió una carta en febrero de 2024 en la que les informaba que entregaría poco más de doscientas hectáreas de la granja al Ejército de Pakistán antes de finales de abril de 2024. Días después, los agricultores arrendatarios recibieron avisos que les prohibían sembrar nuevos cultivos y les advertían que cualquier cosa que plantaran ahora sería destruida.
Pero los agricultores no se detuvieron. «Durante meses, el ambiente fue extremadamente tenso. El miedo se sentía en nuestro pueblo y a menudo parecía como si una guerra fuera a estallar en cualquier momento» dijo Muhammad Ikhlaq, un agricultor arrendatario.
Los agricultores decidieron acudir a los tribunales. En marzo de 2024 presentaron una demanda en la que impugnaron la orden del gobierno de Punjab de transferir las tierras a Green Corporate Initiative. Ghaffar ul Haq, el abogado que representa a los arrendatarios, informó a Lok Sujag que su argumento es que, si el gobierno de Punjab ya no necesita las tierras para la granja de semillas debería vendérselas a los arrendatarios que han estado trabajando en ellas desde 1928. «El Estado no puede tratarlos como ocupantes temporales cuando su trabajo ha sostenido la granja y a sus familias durante casi un siglo» dijo Ghaffar.
Los agricultores de otras zonas siguieron el mismo camino. Los casos de los arrendatarios de Ehsanpur y Rakh Ghulaman se encuentran ahora ante la sala de Multan del Tribunal Superior de Lahore y el de Chak Katora está ante la sala de Bahawalpur.
Los tribunales otorgaron a los agricultores una medida cautelar al emitir una orden de suspensión que impedía al gobierno tomar cualquier otra medida; además, el tribunal solicitó al gobierno que presentara su respuesta.

Sin embargo, el gobierno está empleando tácticas dilatorias. En el caso de Muhammad Nagar, el abogado del demandado compareció ante el Tribunal Superior de Lahore por primera vez en junio de 2025, más de un año después de que se presentara la demanda, únicamente para solicitar más tiempo para preparar el caso. En la siguiente audiencia, en octubre de 2025, repitió la misma solicitud.
Si bien los agricultores agradecen el alivio temporal otorgado por el tribunal, las largas demoras en los procedimientos judiciales los inquietan y su ansiedad aumenta con cada fecha de audiencia. Su creciente inseguridad también tiene su origen en una serie de incidentes desagradables.
Mientras los arrendatarios de la granja de semillas de Muhammad Nagar se preparaban para cosechar sus cultivos en noviembre de 2024, un gran contingente policiaco, respaldado por furgones de reclusos, funcionarios de Hacienda y maquinaria agrícola pesada, llegó a los campos a pesar de que el tribunal había emitido una orden de suspensión a favor de los arrendatarios.
Cuando la maquinaria comenzó a destruir los cultivos en pie, los agricultores decidieron resistirse y se produjo un tenso enfrentamiento que duró dos días, hasta que finalmente la administración se retiró.
Los arrendatarios de Ehsanpur contaron una historia similar. «Nos impiden sembrar o cosechar», dijo uno de ellos de nombre Hussain «maltratan a las mujeres, nos amenazan y traen a la policía». En abril de 2025, cuando querían cosechar su trigo, fueron arrestados y les confiscaron el tractor. Por ello, las mujeres de estas familias organizaron una protesta y bloquearon la carretera Layyah-Kot Addu hasta que la administración se vio obligada a liberar a los agricultores detenidos.

Rana Saleem, un agricultor arrendatario de Rakh Ghulaman, quien ahora lidera la resistencia en su aldea, me contó su historia para Lok Sujag: «Cuando los funcionarios reunieron a nuestros aldeanos y nos dijeron que teníamos una semana para desalojar, vi cómo hombres de 80 y 90 años, que habían pasado toda su vida aquí, se sentaron de repente en el suelo, sus piernas no les respondían. Estaban demasiado aturdidos para mantenerse de pie y solo se miraban unos a otros desconcertados y perdidos».
Ese momento, dice, lo cambió todo. «Cuando vi eso supe que no tenía otra opción. Tengo que luchar por ellos, por todos nosotros».
Hasta que la muerte nos separe
Aún era temprano en la mañana del cinco de mayo de 2025 cuando los agricultores de Rakh Ghulaman se dedicaban a lo que ahora hacen tan bien: replantear su estrategia. La administración del distrito les había negado el permiso para realizar una protesta en la concurrida intersección de Chandni Chowk, en la carretera Bhakkar-Mianwali, por lo que los organizadores se apresuraron durante la noche a conseguir un nuevo lugar cerca de la aldea.
Al amanecer, algunos hombres estaban ocupados armando tiendas de campaña en el nuevo lugar, mientras que otros nivelaban un montículo de arena y lo cubrían con alfombras para crear un escenario. A medida que salía el sol, comenzaron a llegar autobuses y camionetas de todo el Punjab.
Al principio la protesta parecía una concentración aislada en un pueblo y una demostración de fuerza localizada, pero eso cambió a medida que se reunían activistas políticos y simpatizantes. Activistas de la nueva izquierda, del Partido Huqooq-e-Khalq (Partido de los Derechos del Pueblo), se unieron a la concentración encabezada por uno de sus líderes, Farooq Tariq. La energía de la multitud creció cuando se unió un descendiente de la familia Bhutto1, Zulfiqar Ali Bhutto Jr.2 [2], quien viajó desde Karachi para solidarizarse con los agricultores. Todos se unieron en torno a una sola demanda: el derecho a la tierra que los sustenta.

El lema «malki ya moat» (propiedad o muerte) fue el que más resonó entre los asistentes. Fue acuñado originalmente por Anjuman Mazarain Punjab (AMP), que literalmente significa «asociación de arrendatarios de Punjab», formada en el año 2000 cuando el ejército intentó modificar los contratos de aparcería con los arrendatarios de las granjas militares en el distrito de Okara. Al negarse a aceptar las nuevas condiciones, los agricultores decidieron resistir y por ello el movimiento de arrendatarios sufrió una dura represión durante los años siguientes, que incluyó detenciones masivas y acusaciones de alta traición contra sus líderes.
Para los agricultores reunidos ese día en Rakh Ghulaman, la AMP era más un lenguaje compartido de sufrimiento y resistencia que una organización formal.
En los meses posteriores a las notificaciones de desalojo, los grupos de arrendatarios comenzaron a organizar su defensa bajo la bandera de Anjuman Mazarain Punjab. Muhammad Ikhlaq, un arrendatario de la granja de semillas de Muhammad Nagar, es el secretario general de la AMP.
«La determinación de los agricultores se fortaleció tras los informes de una operación policial contra los arrendatarios de la granja de Muhammad Nagar en Arifwala», dijo Farooq Tariq, quien también es secretario general del Comité Pakistan Kisaan Rabita, una red de organizaciones de pequeños agricultores y arrendatarios. «Convocamos a los agricultores afectados a Lahore y decidimos que nadie abandonaría sus tierras. Nos resistiremos». Él califica el arrendamiento de tierras agrícolas a entidades corporativas como una medida que antepone las ganancias a la sostenibilidad y la justicia social.
Las protestas continúan de granja en granja sin señales de moderación. Shahnaz Parveen, una agricultora arrendataria de Chak Katora, se mostró muy decidida en una manifestación celebrada en noviembre de 2025, cuando recorrió el lugar de la protesta junto a docenas de otras mujeres coreando consignas contra lo que denominaban «captura corporativa», tal como lo hizo en su pueblo seis meses atrás, cuando la conocimos por primera vez.

Rana Saleem, quien había viajado desde Rakh Ghulaman para unirse a la manifestación de noviembre, se veía más seguro que antes y afirmó que el movimiento seguiría adelante con sus demandas en ambos frentes: a través de los tribunales, porque la gente del campo cree que son reclamantes legítimos y en las calles porque el silencio solo puede empeorar las cosas.
Señalando a la multitud, Saleem dijo con aplomo: «El mensaje ya no es ambiguo. Los arrendatarios preferirían ser enterrados en esta tierra antes que verse obligados a abandonarla».
Cambiar un déficit por otro
Rakh Ghulaman se convirtió en una pesadilla para el GPI también por una razón diferente, aunque relacionada, cuando a finales de febrero de 2025 los aldeanos denunciaron a la policía que se estaban talando cientos de árboles en los terrenos de propiedad del gobierno.
Los registros policiales revisados por Lok Sujag describen que, cuando los agentes visitaron el lugar el 1 de marzo de 2025, encontraron a unos hombres talando árboles a plena vista. Un supervisor presente en el lugar informó que el terreno había sido adjudicado a tres hombres —Ghulam Mustafa, Malik Asim y Muhammad Sultan— en el marco de la Iniciativa Pakistán Verde y que los contratistas estaban vendiendo la madera a comerciantes locales.
El testigo afirmó que ya se habían talado árboles por un valor de millones de rupias, a pesar de que los árboles en terrenos del gobierno solo pueden talarse siguiendo un conjunto de normas que también obligan a realizar subastas públicas de la madera. Sin embargo, para cuando la policía documentó el caso, gran parte del bosque ya había desaparecido.
Rakh Ghulaman era un paisaje agroforestal, donde coexistían la cría de ganado, el cultivo de forraje y la cobertura arbórea. Los animales pastaban en campos sembrados con cultivos forrajeros en rotación, mientras que los palos de rosa indios y los árboles de algodón de seda crecían en hileras ordenadas ofreciendo sombra, refugio y un dosel vivo sobre las tierras de cultivo. Ese equilibrio se ha visto alterado.
Según el Dr. Amir Hayat, funcionario de la finca, hasta ahora solo se ha entregado a los contratistas la mitad (2023 hectáreas) de la superficie de la finca; significativamente, la mitad con la cobertura arbórea más densa. Las autoridades estiman que solo en esta zona había cerca de 24 000 árboles, pero los lugareños insisten en que la cifra era al menos cuatro veces mayor. Hoy en día, la mayor parte ha desaparecido y la madera ha sido vendida o está abandonada en la finca.

Ghulam Mustafa, uno de los inversionistas, insiste en que actuó dentro de la ley, pues afirma que los árboles fueron subastados por el Departamento de Ganadería, que él ganó la subasta, pagó al gobierno y solo entonces despejó el terreno y vendió la madera a comerciantes locales. Sin embargo, el superintendente de la finca, Bakhsheesh Haider, niega rotundamente que se haya realizado alguna subasta y no ha surgido ningún registro oficial de dicho proceso.
Mustafa argumenta que fue necesario talar los árboles para dar paso a lo que él denomina agricultura moderna. La agricultura de precisión a gran escala, continua, requiere la instalación de sistemas de riego por pivote central. Estos sistemas exigen campos amplios y sin obstáculos para funcionar, lo que significa que «los árboles deben ser sacrificados en el altar de la agricultura corporativa moderna».
Se informó de un ritual de sacrificio similar en Chichawatni, en el distrito de Sahiwal, donde 40,469 hectáreas de terreno, reservadas para un campus secundario de la Universidad de Ciencias Veterinarias y Animales fueron, en cambio, adjudicados a una empresa llamada Sadaat Agro Farm Private Limited. Los lugareños dicen que, incluso después de que los tribunales suspendieran la orden, los contratistas entraron y talaron los árboles. Los aldeanos compartieron fotos y mensajes por WhatsApp, presentaron quejas ante las autoridades, pero no pasó nada.
La tendencia ya se está extendiendo. En Rakh Mahni, una granja ganadera del gobierno ubicada en el distrito de Bhakkar, que contaba con pequeños árboles y arbustos para la cría de camellos, el paisaje está cambiando poco a poco. De sus 3642 hectáreas, un tercio se ha arrendado a Green Impex Farm; las 2428 hectáreas restantes han sido adquiridas por una empresa conjunta entre Fatima Fertilizer y Najd Gateway Holding de los Emiratos Árabes Unidos, aunque aún no se han cultivado. Lo que antes era un recurso público para el ganado y los pastores se está transformando en un centro de forraje orientado a la exportación.

Los sistemas de riego por pivote central se promocionan como una alternativa eficiente al riego por inundación tradicional, que pierde cantidades sustanciales de agua por filtración y evaporación. Sin embargo, los expertos en medio ambiente advierten que, si bien los pivotes centrales pueden conservar agua, es probable que la destrucción de la cubierta arbórea anule esos beneficios. Cambiar una forma de sostenibilidad por otra y reemplazar un tipo de déficit ecológico por otro no tiene mucho sentido para los expertos.
Irrigar o no irrigar
Dejando de lado los costos ocultos de la nueva tecnología de riego —el sistema de pivote central—, su costo financiero inicial dicta lo que se cultivará con él. Una sola unidad del sistema de pivote central cuesta millones de rupias3 [3] y, en promedio, es adecuada para una finca de 50 hectáreas, por lo que se necesitan ocho unidades de este tipo para la finca más pequeña (404 hectáreas) que el GCI ofrece a los inversionistas.
Con costos iniciales tan elevados, es obvio que los inversionistas dan prioridad a los cultivos comerciales exportables y no a aquellos que podrían contribuir directamente a fortalecer la seguridad alimentaria nacional. Los cultivos forrajeros para la exportación encajan bien en las ecuaciones de tasa de rendimiento de los inversionistas.
Un estudio encargado en junio de 2024 por la Corporación Financiera Internacional (CFI), el brazo del sector privado del Banco Mundial, identificó al pasto Rhodes como la opción más lucrativa para la agricultura corporativa en Pakistán. Con el sistema de riego por pivote puede producir hasta siete cosechas al año, lo que la convierte en una exportación muy apreciada en los países del Golfo, donde alimenta granjas lecheras y ganaderas a escala industrial. El informe de la IFC elogió al pasto Rhodes como la inversión de más rápida rentabilidad en el sector agrícola corporativo de Pakistán, con períodos de recuperación de tan solo cinco años.
Aunque cinco años podrían no resultar un período corto para unos mercados internacionales volátiles y agitados. El informe de la CFI también señaló a Sudán como un modelo y una advertencia para Pakistán. Durante años, el clima y los recursos hídricos de Sudán lo convirtieron en un proveedor líder de pasto Rhodes y alfalfa para los Emiratos Árabes Unidos, pero cuando estalló la guerra civil en 2023, la producción se derrumbó casi de la noche a la mañana, lo que dejó a los Estados del Golfo luchando por asegurar nuevas fuentes de forraje.

Pakistán, según sugirió la IFC, podría intervenir como sustituto natural, ya que sus vastas reservas de tierra y su clima favorable ofrecen la escala que exigen los mercados del Golfo. Sin embargo, es difícil ignorar los riesgos, pues el alto costo en infraestructura de riego por pivote ata a los inversionistas a un mercado global frágil. Si Sudán se estabiliza y vuelve a ingresar al mercado, los precios del forraje podrían desplomarse y dejar las iniciativas de Pakistán en la vereda.
Los sistemas de riego por pivote central ahora se fabrican localmente en Pakistán, por Heavy Industries Taxila (HIT), que forma parte del complejo industrial militar, y que presenta esta iniciativa como su contribución a la causa nacional de la seguridad alimentaria. Su primer sistema de fabricación local ya está en funcionamiento en una granja de veinte hectáreas en Bahawalpur y, de acuerdo con su sitio web, la fábrica ahora está produciendo en masa cincuenta unidades.
Volviendo a Rakh Ghulaman, un alto funcionario visitó a los arrendatarios en junio de 2025. Rana Saleem nos informó que este presentó una nueva propuesta: «No se vayan, sigan cultivando. Pero déjennos instalar sistemas de riego de pivote central y, de ahora en adelante, paguen su renta no al gobierno de Punjab, sino al Ejército». Sonaba como un compromiso, pero no tenía sentido para los agricultores.
Meses más tarde, en octubre de 2025, los miembros de la AMP tuvieron una sensación similar cuando fueron invitados a una reunión con los altos funcionarios relacionados con el proyecto. Saleem recuerda: «Los funcionarios nos aseguraron que no querían desalojar a los agricultores de sus hogares ni de sus campos, e hicieron una oferta condicional: si el gobierno de Punjab otorga derechos de propiedad a los arrendatarios, ellos [GCI] no se opondrían; pero si no lo hace, los agricultores deberían “sumarse” a la agenda de la Iniciativa Corporativa Verde para modernizar la agricultura».
La oferta solo ha aumentado la incertidumbre entre los arrendatarios. «¿Cómo funcionará aquí un sistema diseñado para la agricultura a escala industrial?», preguntó Rana Saleem. Una máquina de riego por pivote está diseñada para el monocultivo en más de 50,586 hectáreas. La mayoría de estos arrendatarios solo tienen entre 1.6 y 2 hectáreas.
«¿Van a combinar nuestras pequeñas parcelas y pedirnos a todos que sembremos el mismo cultivo? ¿Quién decide y quién controlaría la máquina? ¿Y por qué deberíamos seguir pagando renta a alguien? Tenemos claro que queremos derechos de propiedad».
Los arrendatarios están convencidos de que el malki (la propiedad) y no el sistema de riego por pivote central es el camino que deben seguir, pero la Iniciativa Verde de Pakistán aún necesita encontrar un nuevo eje para sostenerse.
Este reportaje ha sido financiado como parte del Bertha Challenge 2025. Para saber más sobre este proyecto da click aquí.
Editor: Tahir Mehdi
Asistentes de investigación: Abdullah Cheema, Kaleemullah
Traducción al español: Eunice Losada
- La familia Bhutto es la dinastía política más importante de Pakistán, fundado como país independiente en 1947. Zulfiqar Ali Bhutto (1928-1979) fue presidente, ministro del exterior y primer ministro, además de fundador de Partido del Pueblo de Pakistán, murió ahorcado luego de un golpe de Estado en su contra. Su hija Benazir Bhutto ha sido la única mujer en gobernar Pakistán, fue asesinada en 2007 y desde 2024 el viudo de ella Asif Ali Zardari es presidente del país. (N.T) ↩︎
- Artista, activista LGBTTTIQ, defensor de derechos humanos y político fundador del partido Haq Khalq Party. Zulfiqar Ali Jr., hijo de Murtaza Bhutto y sobrino de Benazir. Su padre fue asesinado en 1996 en un enfrentamiento con la policía durante un mitin político contra el gobierno de su hermana, crimen del que fue acusado y absuelto, luego de 11 años preso por falta de pruebas, su cuñado Asif Ali Zardari, hoy presidente de Pakistán. (N.T). ↩︎
- El equipo mecánico y la obra civil oscilan entre $2,500 y $4,000 USD por hectárea, por lo que la inversión sería de al menos millón de dólares, para una granja como la que se describe. (NT)
↩︎
Sumaira Aslam es periodista y documentalista pakistaní. Ha trabajado para la BBC World (Londres) y Voice of America (Washington). Posee un máster en Terrorismo, Seguridad y Sociedad por el King's College de Londres (Reino Unido) y fue becaria del programa Bertha Challenge para el año 2025.


