Los 67 años de distancia que hay entre La Cocina de Arnold Wesker y la película de Alonso Ruizpalacios1 que comenzó a proyectarse en salas cinematográficas en noviembre del 2024, nos permiten ver una parte de la larga historia de las dinámicas laborales del sector, al tiempo que la adaptación cinematográfica lanza relevantes preguntas sobre el lugar que jugamos en el consumo de alimentos, independientemente de si vivimos, o no, en una población con oferta multicultural cómo Nueva York o Londres.
«Empecé a imaginar esta película cuando trabajaba como lavaplatos y mesero en el Rainforest Cafe en el centro de Londres, durante mi época de estudiante. Fue en ese entonces, cuando leí por primera vez leí la obra de Arnold Wesker, The Kitchen. Leer la obra al mismo tiempo que trabajaba en una cocina industrial hizo que la experiencia fuera mucho más interesante (y las jornadas laborales más llevaderas)».
Alonso Ruizpalacios
Cómo persona que investiga procesos en las intersecciones de alimentación y la migración, me pareció que el lenguaje audiovisual usado en la película abona a la reflexión sobre estas áreas, en específico, sobre cómo pensamos la alimentación en las megalópolis multiculturales.
Si bien, La Cocina, no tiene un desenlace sorpresivo (por ejemplo, una revelación al estilo Sexto Sentido), recomiendo ver la película antes de leer este ensayo. Similar a Güeros, Ruizpalacios filmó La Cocina casi completamente en blanco y negro, salvo dos escenas en las que resaltan el azul y el verde. Estos colores destacan posicionamientos del director en torno a las dinámicas, pero de eso ya hablaremos al final de este ensayo.
Este largometraje de ficción sigue las historias interconectadas de los trabajadores del restaurante, The Grill, ubicado en Midtown Manhattan en Nueva York. Desde el inicio de la película, los diálogos y las imágenes nos situan en medio de este distrito comercial que alberga algunos de los rascacielos más famosos de la ciudad y cuyos precios inmobiliarios están también entre los más altos del planeta. Sólo que en vez de enfocarse en los icónicos y abrumadores estímulos lumínicos producidos por los famosos espectaculares de Times Square, las imágenes y el sonido se enfocan en la vida cotidiana de quienes habitan esta área.
De igual manera, las acciones de la película se desarrollan en las partes que habitualmente no son visibles para clientes y comensales de un restaurante: la cocina, el cuarto de refrigeración, los vestidores, los cubículos administrativos y la calle trasera dónde están los contenedores de basura. Es aquí, dónde las personas que preparan los alimentos, lavan platos y sirven la comida, le dan vida a las intricadas historias de la cinta. La decisión de enfocarse en estos personajes y en esos espacios no es un asunto menor, pues no son las personas ni espacios que comúnmente se resaltan al pensar en la alimentación en una ciudad cómo Nueva York.
El largometraje pone especial atención en la relación compleja entre, Pedro, cocinero mexicano interpretado por el tres veces ganador del premio Ariel2, Raúl Briones, y Julia, mesera estadounidense, representada por Rooney Mara, quien fuera nomidada al Oscar por su actuación en, The Girl with the Dragon Tattoo (2011), y ganadora del premio a mejor actriz del Festival de Cannes por, Carol (2015). A través de la relación entre estos personajes que se involucran sexoafectivamente, Ruizpalacios toca temas de jerarquización racial y de género que se dan entre las personas que trabajan en el establecimiento.

«Me sorprendió el complejo sistema de castas que sigue existiendo en las cocinas, y que son una parte esencial de lo que las mantiene en funcionamiento. Como ocurre con la tripulación en un barco, la jerarquía no es algo que se tome a la ligera tras las puertas batientes de los restaurantes».
Alonso Ruizpalacios
En, The Grill, hay una considerable fuerza de trabajo mexicana e hispanoparlante. Ruizpalacios representa esta composición mediante el uso de diálogos en español con diferentes acentos, así como con una banda sonora repleta de canciones de banda y corridos. También se escuchan diálogos en francés, con acentos marroquís y caribeños, así como árabe, reflejando así el origen diverso de la gente que labora en la industria restaurantera. Estas lenguas conviven con el esperado inglés nativo, que sirve como lingua franca entre quienes trabajan en el restaurante. Sobresale una escenas donde quienes trabajan en la cocina comparten palabras altisonantes en lenguas distintas a la materna, usando el humor compartido cómo una manera de responder al estresante entorno laboral.
Con estos elementos, es notorio que en, The Grill, las personas migrantes son el motor de la cocina, como lo son –fuera de la ficción– en todos los restaurantes de Nueva York, donde las comunidades migrantes han repercutido en la historia alimenticia de la ciudad por más de un siglo como lo ha mostrado en sus estudios Krishnendu Ray.3
Más allá del hilo conductor (el robo) y el arco dramático (los vínculos sexoafectivos entre personajes), la composición y las tensiones dentro de la fuerza de trabajo en, The Grill, son de gran relevancia pues aunque el restaurante se encuentra en un sitio icónico de los Estados Unidos, las personas indocumentadas son quiénes controlan ciertas dinámicas dentro del establecimiento, logrando incluso que ante un altercado, el Chef estadounidense tenga que rendirse ante la presión social y romper la tensión, interrumpiendo el ritmo de preparación de alimentos para postrarse sobre una caja y entonar en español –mal pronunciado–, el himno estadounidense, Star-Spangled Banner, ante el júbilo y alaraca de su equipo, quienes tras ver cumplida su demanda, regresan a sus puestos.
A pesar de esta aparente inclusión, en The Grill se representan jerarquizaciones nacionales. Por ejemplo, Pedro y otros cocineros mexicanos constantemente acosan a Laura, interpretada por Laura Flores (Orange is the New Black), la mesera dominicana. Una disputa similar se da entre Pedro y Max (el único trabajador estadounidense preparando alimentos en la cinta).
Esta representación de disputas por origen nacional se puede explicar por la tendencia que existe en restaurantes estadounidenses en los que las mujeres y hombres blancos trabajan en lo que Eli Revelle Yano Wilson llama «the front of the house» (frente de la casa) , mientras que el trabajo de preparación de alimentos, limpieza y todo aquello que no suele ser visto por las y los comensales suele ser realizado por gente racializada en el «back of the house» (detrás de la casa).4
Dicha jerarquización sustentada en la racialización se expone a lo largo de la película de diversas maneras posicionando la blancura en la cima. Una de las representaciones más impactantes se da cuando uno de los cocineros mexicanos, representado por el actor, Bernardo Velasco, asegura que las rubias son más bellas, tienen la piel más suave y huelen mejor que las demás mujeres, justificando así que las personas de fuera de los Estados Unidos quieran involucrarse con una persona blanca. En esta línea, también sobresale el diálogo en el que Luis, el administrador, un ciudadano mexico-estadounidense de primera generación, menciona que las personas migrantes solo buscan «al amor de su visa» al casarse con alguien estadunidense.
Con estos diálogos, no solo se denota la racialización impuesta por dinámicas del mismo restaurante, y sus respectivas jerarquías raciales, sino también se nota la internalización de éstas.
La denuncia de formas estructurales de violencia en los Estados Unidos no parece ser el fin último de la película, sino señalar cómo se ejerce en restaurantes; sin embargo, a partir de la trama se representan violencias más amplias. Además de dinámicas de racialización, la discriminación de género también está presente en toda la película y se muestra en varias escenas. Por ejemplo, todas las personas que dirigen el restaurante son representadas cómo figuras masculinas heteronormadas con ciudadanía estadunidense. Igualmente, en la cocina la mayoría también son hombres, solo el equipo de meseras es completamente femenino.5
Incluso una de las dos mujeres que laboran en la cocina, Estela, recién migrada de Huachinango, Puebla, es invisibilizada por, Pedro. A pesar de haber migrado del mismo lugar y de conocerse desde la infancia, Pedro nunca le habla a Estela por su nombre, sino por un apodo que le asigna, Sanborns, ya que Estela había trabajado en esa cadena de restaurantes mexicanos antes de llegar a Nueva York. Por si esto fuera poco, Estela, que acaba de comenzar en el puesto, es obligada a ir constantemente por material a la bodega cuándo el resto de sus colegas hombres no lo hacen.

El punto climático de esta división de trabajo con sesgos de género se da, cuando, ante una falla de la maquina dispensadora de sodas, la cocina del restaurante se inunda, a pesar de lo cual, la fuerza de trabajo sigue operando, mientras que varias meseras, resabalan y caen. Al final de la jornada, Estela es la única persona limpiando con un trapeador y cubeta en mano, mientras vemos que el resto del equipo descansa o se marcha.
La clientela/comensales también son personajes fundamentales del largometraje, aunque se les ve poco a cuadro, aparecen continuamente presentados de forma alegórica a través de una impresora de comandas de platillos, que tras imprimirse van gritando las meseras y las personas que preparan los alimentos.
En las escenas climáticas, el rítmo monótono de la incesante impresión de comandas acompaña la tensión entre los personajes, creando un estado de estrés, ansiedad e incomodidad en quiénes vemos la película.

A pesar de los problemas y tensiones entre los personajes, hay una demanda interminable de los comensales. Sin importar el origen, género o edad de cada persona laborando en el restaurante, todas viven de manera precaria y en un estado constante de vulnerabilidad. No obstante, la clientela no parece darse cuenta. La alegorización de la impresora de comandas tiene un momento climático cuando en medio de un arranque, Pedro hace un escándalo, destroza la cocina y rompe la impresora a puñetazos.
Las escenas finales generan desilusión y desesperanza. El dueño de, The Grill, el Sr. Rashid, quién ha explotado a cada una de las personas que laboran para él y que incluso ha engañado a algunas con falsas promesas de dar una greencard (permiso para trabajar en los Estados Unidos), dice no entender cómo a pesar de darles trabajo, estas personas le generan problemas e incluso logran parar su negocio. Este diálogo enfocado hacia, Pedro, quién encarna y expresa el dolor acumulado al tener su arranque que paraliza el restaurant, parece terminar con la desilusión del Sr. Rashid.
Tras ese diálogo, y cómo personaje de película de terror que regresa una y otra vez para a atormentar a los personajes, el botón de encendido de la impresora emana una luz verde que termina por colorear completamente a Pedro, quien ya luce roto y desesperanzado, al tiempo que la luz verde inunda la pantalla y la figura destrozada del cocinero, junto con el taladrante sonido de la impresora, que adquiere fuerza de manera creciente por un par de minutos. A pesar de que los comensales fueron testigos del escándalo causado por Pedro, la demanda de alimentos continúa.
La adaptación cinematográfica de Ruizpalacios de La Cocina invitan a que tomemos posicionamientos críticos en torno a la industria de alimentos en otros países y ciudades. América Latina y el Caribe no está exento de la explotación laboral y del maltrato a poblaciones migrantes que encuentran en la industria de la alimentación una forma de hacerse de recursos. Mientras tanto, cómo la impresora de la película, las personas que consumimos seguimos alimentando el sonido demandante y estresante, mientras ponemos poca atención en las personas que trabajan para preparar los alimentos que consumimos.
- La cinta fue adaptada y dirigida por el director mexicano, quien es conocido por largometrajes cómo Güeros (2014), Museo (2018) y Una película de policías (2021). ↩︎
- Premios otorgados por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. ↩︎
- Krishnendu Ray, «Nation and Cuisine. The Evidence From American Newspapers Ca. 1830–2003», Food and Foodways 16, no. 4 (2008): 259–97. ↩︎
- Para estudios sobre racialización y clasismo en la fuerza de trabajo, véase: Eli Revelle Yano Wilson. Front of the house, back of the house: Race and inequality in the lives of restaurant workers. Vol. 10. NYU Press, 2020. ↩︎
- Entre algunos trabajos que resaltan los sesgos de género en la industria alimentaria se encuentran: Meredith E Abarca, «Voices in the Kitchen» ; Charlynne Curiel, «Hacia Una Antropología Feminista de La Relación de Las Mujeres y Las Cocinas: Una Propuesta Desde Oaxaca» (CDMX, 2021); Mario Bruzzone, «Respatializing the Domestic: Gender, Extensive Domesticity, and Activist Kitchenspace in Mexican Migration Politics» 24: 2 (2012), 247–63. ↩︎
Investiga procesos cotidianos de construcción de ciudadanía, principalmente las intersecciones de migración y alimentación. Es doctor en historia por el King’s College London y ha realizado estancias posdoctorales en la City University of New York, el Instituto de Investigaciones Antropológicas y el Instituto de Investigaciones Sociales. Coordino el proyecto de comunicación pública de la investigación, Mundo Mundanal.




