Julia (2022), la bioserie de HBO sobre Julia Child, ha puesto de moda –una vez más– a la autora del recetario que cambió la forma de cocinar en Estados Unidos, Mastering the Art of French Cooking (1961)1 y creadora del programa icónico de televisión sobre cocina, The French Chef (1963). Ambos productos jugaron un papel importante en la construcción del «american way of life» que a su vez fue el modelo de occidente para el siglo XX.
Lo que no cuenta la bio serie, interpretada magistralmente por Sarah Lancashire, pero sí se detalla en el documental Julia (2021) de Julie Cohen and Betsy West, es que esta entrañable y divertida cocinera estadounidense trabajó para los servicios de inteligencia de su país. Lo que deja ver que su capacidad de influencia personal y su aporte al softpower (influencia inmaterial de un país sobre los otros) estadounidense era mucho más un proyecto cultural bien pensado que una casualidad.

En la década de 1960 Estados Unidos intentaba convencer al mundo que su proyecto económico (capitalismo), ideológico (liberal) y político (democrático) era superior y debía ser aplicado en el resto de los países del planeta. Pero tenían la certeza que eso debía ser hecho de manera «voluntaria» por las naciones, a diferencia del uso de la fuerza del colonialismo y del fascismo que habían desatado las guerras mundiales.
Sin embargo, la seducción no es un juego fácil y menos entre naciones. Los EE. UU. estaban metidos en su segunda guerra en Asia2, el fantasma del comunismo coqueteaba con Europa y en Francia el antiamericanismo iba en aumento. La vieja potencia mundial se veía desplazada, tras la independencia de Argelia (1962) los franceses habían perdido su última colonia y Estados Unidos tomaba el liderazgo de occidente, ante lo cual De Gaulle sacó a Francia de la OTAN en 1966. Lo único que les quedaba era su cocina.
En este contexto «Julia Child ofreció una manera de reconocer a Francia sin sacrificar la dominación estadounidense»3 tendiéndole un puente plata, al tiempo que proponía, junto con un grupo de intelectuales, artistas, cocineros y cocineras «una visión no aislacionista de Estados Unidos y un imaginario más cosmopolita de sus relaciones con otros países»4 en la era de la posguerra.
Gastropolítica internacional
Julia Carolyn McWilliams nació en 1912. Fue hija de la heredera de la Weston Paper Company5 y de un prominente abogado. Julia obtuvo un título en historia por el Smith College en Northampton, una institución para mujeres dedicada a las artes liberales y de donde se graduaron las ganadoras del Pullitzer, Margaret Mitchell y Silvia Plath, las primeras damas de los Estados Unidos Nancy Reagan y Barbara Bush, así como la icónica feminista de la segunda ola Betty Friedan a quien podríamos considerar la némesis de Julia Child, pero eso lo discutiremos más adelante.
Julia Carolyn era una mujer refinada de clase alta, con plena conciencia de ello, pero con una necesidad de dar un paso al costado del conservadurismo que la rodeaba, pues su padre John McWilliams era donante del Partido Republicano y financiaba al temido senador anticomunista Joseph McCarty6. Al graduarse, Carolyn trabajó como copy publicitaria en W & Sloane, una tienda de muebles en Nueva York y en cuanto EE.UU. entró a la Segunda Guerra Mundial, decidió enrolarse.

De acuerdo con la página de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en Inglés) Julia era demasiado alta (1.87 metros) para servir en el ejército, así que ingresó a la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) que fue el antecedente directo de la CIA7. Ahí fue asistente de investigación de la división de inteligencia secreta y luego en la sección de equipos de salvamento marítimo, donde ayudó a diseñar un repelente para tiburones que evitaba que estos detonaran accidentalmente las minas marinas o que atacaran a los pilotos que caían al mar. De hecho, ella siempre bromeaba que esa fue su primera receta.
Tanto en la introducción de su recetario, como en la reciente bioserie de HBO Max llamada simplemente Julia, se cuenta que su marido Paul Child era un diplomático retirado, sin embargo, era algo más que un simple burócrata de embajada. Paul era un fotógrafo y artista que trabaja para la OSS. Se conocieron en Sri Lanka y al finalizar la Segunda Guerra fueron enviados a diversos países de Europa donde Paul se dedicó a promover eventos culturales y artísticos que inculcaran sentimientos positivos hacia Estados Unidos en el extranjero.
«La creencia de Paul y Julia en el poder de la cultura reflejaba una ideología prominente en el Departamento de Estado durante la Guerra Fría. La pareja surgió de un mundo en el que la cultura (por ejemplo, el arte, la música, incluso la cocina) era capaz de una profunda transformación, incluso para ganar influencia para Estados Unidos»8.
Tracey Deutsch
Si bien Julia tuvo siempre los recursos suficientes para recorrer el mundo a su antojo lo cierto es que lo hizo dentro de las misiones «diplomáticas» junto con Paul, siendo el OSS quien le dio acceso a un mundo intelectual y gastronómico privilegiado que era la Francia de la postguerra. Como señala Deutsch, Julia Child aprendió a cocinar y sobre gastronomía francesa como resultado directo de la política de seguridad de los Estados Unidos.

Así, mientras en la cocina ella preparaba la comida, la sobremesa era la política liberal, internacionalista y pro estadounidense que modeló el nuevo sistema mundial. Dicho modelo venía impuesto desde los EE.UU. , que aprendieron tras la Primera Guerra que triunfador que se retira pierde, así tras la Segunda Guerra decidió hacer lo posible para que no quedara duda de su dominancia, algo que se facilita si se tiene una bomba atómica, pero que se complica cuando los enemigos y los aliados también la tienen.
La salida era obvia, si Estados Unidos quería regir los destinos del planeta (algo que también quería la URSS tras derrotar a la Alemania nazi) necesitaba construir hegemonía y ese proceso requiere inevitablemente convencimiento para reducir la resistencia. Y aunque pareciera que la cocina es el lugar menos indicado para librar una batalla ideológica, ésta resulta ser gran pretexto para la propaganda como lo demostró el famoso «Kitchen’s Debate» de 1959 entre el primer ministro soviético Nikita Krushev y el vicepresidente de los EE.UU. Richard Nixon, quien gracias a este evento logró afianzar su candidatura presidencial por el partido republicano9.
Cualquiera puede cocinar
Aunque es posible que Disney nunca lo reconozca por una cuestión de derechos, es innegable que Julia Child inspiró su película Ratatouille, cuyo eje coincide con la frase emblemática de Child «puedes cocinar si te lo propones» y que es más o menos el mismo título del libro («Cualquiera puede cocinar») del personaje Auguste Gusteau, el Chef que inspira a Remy en la película animada.
Esa frase encierra todo un concepto cultural. El sueño americano y la gran promesa del capitalismo liberal se centran en que cualquier persona puede, si se lo propone, lograr lo que quiera. Si bien hoy día esa visión está siendo cuestionada ante lo evidente de los privilegios de clase y la consecuente desigualdad social que generan, cuando Julia Child lanzó su famosa frase coincidía con el ascenso de una idea de nación.

Esta construcción cultural se ha visto actualizada cada cierto tiempo. Por ejemplo, en la adaptación cinematográfica de Julie & Julia (2009), que nos muestra las historias contrastadas de Julia Child (Merryl Streep) y Julie Powell (Amy Adams). La primera fue una «ama de casa» aburrida en Paris, que tomó clases de cocina y se convirtió en la mujer que le enseñó a cocinar a Estados Unidos, la otra una empleada y esposa promedio de nueva York, que frustrada de su vida se propuso preparar en 365 días las 524 recetas del libro de Child mientras lo narraba en su blog Julie/Julia Project, el cual terminó siendo un exitoso libro.
Hasta antes de Julia Child, la idea de la comida francesa y lo gourmet tenía que ver con la alta cocina y llevaba impresa una división de clases «Julia contribuyó a cambiar la composición del movimiento gastronómico para reflejar importantes cambios en la estructura de clases y las relaciones de género tras la Segunda Guerra Mundial»10 o como señala Dana Polan, sus «lecciones de cocina eran también lecciones de vida sobre movilidad social»11.

En ese sentido Child gourmetizó de manera generalizada y anti elitista la gastronomía de Estados Unidos, que en aquel entonces –movida por la creciente industria de los ultraprocesados– apostaba por la comida enlatada como símbolo de modernidad. Sin embargo, para Julia la modernidad culinaria implicaba una reforma profunda en el paladar del pueblo estadounidense y formas diferentes de pensar sobre los roles femeninos dentro del hogar.
El elefante en la cocina
El primer episodio de «The French Chef» y el libro fundacional de la segunda ola feminista «The Feminine Mystique» de Betty Friedan aparecieron en la esfera pública en 1963 con pocos días de diferencia. Friedan acuñó el término de la «mística femenina» para definir la concepción socialmente impuesta que limita las oportunidades y la identidad de las mujeres a cumplir los roles tradicionales, esto es que para la sociedad de la época la única vía para la realización femenina era a través del matrimonio, la maternidad y el papel de ama de casa.
En la serie de HBO inventaron una escena para sintetizar la posible controversia entre los discursos de Child y Friedan. En una cena ambas autoras se encuentran y Friedan le reclama a Child el «devolver a las mujeres a la cocina» y es que la actitud desenfadada y altamente pedagógica con la que Julia presentaba su programa acercaba a las mujeres a la cocina de una manera placentera, aún para aquellas a las que les resultaba desagradable.

Si se siguen las instrucciones de su recetario (lo he hecho) las posibilidades de éxito son muy altas y altamente gratificantes, aún para personas con escasas habilidades culinarias. Resulta entendible entonces, que ante la posibilidad de lograr la realización o al menos la satisfacción dentro de la cocina, con un esfuerzo relativamente bajo (de lavar ollas y platos nadie se escapa) la propuesta de Child resultaba atractiva, divertida y sin presiones.
Su programa iba de lo didáctico a lo hilarante, pero sobre todo revelaba una gran verdad que toda aquella persona que sepa cocinar ha aprendido y es que las cosas no siempre salen como uno esperaba y que a veces requieren imaginación. Ver a la estrella del programa decir «no hay fracasos solo recetas que no salieron como se esperaba» mientras tiraba a la basura una crepa deforme o se le rompía un soufflé al desmoldarlo, facilitaba las cosas.
«Mientras que Friedan instaba a las mujeres a abandonar la cocina y dejar de ser amas de casa, Julia Child negociaba un modo de feminidad doméstica y una forma de estar en la cocina que también se oponía al papel de ama de casa». 12
Joann Hollows
Pero ¿qué implicaba ser ama de casa? Para el mundo postindustrial, ser un ama de casa implicaba como en antaño la administración del hogar y la agenda de cuidados, pero sobre todo ser las encargadas del consumo. En la nueva división del trabajo los hombres producían mientras que las mujeres consumían, de ahí nace el estereotipo de que a las mujeres les fascina ir de compras.
Si metemos eso en las cocinas de los hogares de la década de 1950 las amas de casa pasaron de transformar los alimentos a «mujeres que empujaban carritos de supermercados, se inclinaban sobre un congelador o asomaban a un frigorífico» señala Mary Drake McFeeley. De esta manera le restaron habilidades a la cocinera, ya no era necesario hacer una mermelada y envasarla, solo destapar la que se compraba en la tienda y untarla en el pan industrializado. Por ello, argumenta Joann Hollows «la cocina sólo puede ser reivindicada por el feminismo considerándola una forma de producción doméstica y no de consumo doméstico», algo que en su opinión hizo Julia Child.

Por otro lado, hay quien considera que «Child fue una pionera que se infiltró en el mundo masculino de los cocineros profesionales y transformó el ámbito doméstico en un espacio de emancipación».13
No sabemos si Child planificó todo esto, pero, dada su historia de vida y todas las fuentes de donde abrevó conocimiento, sería ingenuo pensar que simplemente fue el resultado del aburrimiento de la esposa de un diplomático en París. En todo caso fue producto de su época, de sus privilegios, su educación, el trabajo que realizó en la OSS y las misiones diplomáticas en las que acompaño a Paul, lo que implicaba un entendimiento del papel de Estados Unidos como potencia mundial.
- En coautoría con Luisette Bertholle y Simone Becke ↩︎
- Corea y Vietnam ↩︎
- Deutsch, T. (2013). The Julia Child Project: The Cold War, France, and the Politics of Food. WGBH: The Open Vault. https://openvault. wgbh. org/exhibits/julia_child/article. ↩︎
- Allmendinger, B. (2023). The Map and the Menu: Julia Child and Changing Definitions of the US Frontier. Gastronomica: The Journal of Food and Culture, 23(1), 94-99. ↩︎
- https://en.wikipedia.org/wiki/Byron_Weston ↩︎
- Allmendinger, B. op cit. p.94 ↩︎
- https://www.cia.gov/stories/story/julia-child-cooking-up-spy-ops-for-oss/ ↩︎
- Deutsch, T. op cit. ↩︎
- https://billofrightsinstitute.org/essays/the-nixonkhrushchev-kitchen-debate ↩︎
- Strauss, D. (2011). Setting the Table for Julia Child: Gourmet Dining in America, 1934–1961. Johns Hopkins University Press. P.22 ↩︎
- Polan, D. (2011). Julia Child’s The French Chef. Duke University Press. P. 39 ↩︎
- Hollows, J «The Feminist an the Cook: Julia Child, Betty Friedan and Domestic Femininity» en Martens, L., & Casey, E. (2016). Gender and consumption: Domestic cultures and the commercialitation of everyday life. Routledge. P.41. ↩︎
- Allmendinger, B. op cit. p.98 ↩︎
Bertha Fellow 2025. Periodista, corresponsal y editor especializado en América Latina. Ha colaborado con más de 40 medios en 25 países. Tiene un master en Estudios Internacionales. Se ha desempeñado como consultor de comunicación política para ONGs y organismos internacionales. Premio de periodismo Rostros de la Discriminación, 2022. Becario Balboa 2007. Director fundador de Comestible.info
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